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Un sector peculiar
Finalizando los años 70, el sector náutico español tenía unas peculiaridades casi diametralmente opuestas a la situación actual. Los astilleros españoles tenían mucho más protagonismo que los fabricantes de barcos a motor. Marcas como Puma, Furia, Taylor, Noray y otras tenían unas producciones muy respetables, superando a los fabricantes franceses de entonces. Eran tiempos de proteccionismo económico, en los que las importaciones de materias primas y productos manufacturados estaban gravadas con un fuerte arancel de importación. No existía ni la Comunidad Europea ni la libre circulación de mercaderías.
El segmento de las velas de competición estaba copado por velerías internacionales, en buena parte por la injusta legislación vigente, que gravaba la importación del tejido con un 32 % de impuestos frente al 20 % de las velas confeccionadas. Fueron tiempos duros, pues los clientes comparaban los precios de las velas extranjeras sin en su país de origen sin contar su transporte ni sus aranceles de importación frente al producto acabado y fiscalmente gravado que se fabricaba en España. La picaresca del contrabando hacía el resto en algunas ocasiones, dejando en una clara desventaja a las velerías españolas, y especialmente a Toni Tió Velas, para ofrecer un producto en el segmento de la competición.
Estos 25 años de han sabido convertir las dificultades en un estímulo para sobreponerse a un difícil mercado. Con mucho esfuerzo y profesionalidad para adaptarse a los grandes cambios tecnológicos vividos de manera excepcional en la fabricación de velas (el paso de tejidos de dacron a los laminados en mylar, el cambio de cortes de paños horizontales a radiales, la llegada de la informática para el diseño y corte de paños con plotter, el nuevo concepto de las velas “membranas” frente al tradicional conjunto de paños pinzados, de la costura al encolado de paños) la velería fundada por Toni Tió gozó en menos de una década de un prestigio internacional, que motivó el interés de importantes marcas mundiales para alcanzar acuerdos con esta joven empresa. Unas propuestas que nunca convencieron a Tió, quien no estaba dispuesto a hipotecar su independencia.
En 1987 la velería se traslada a sus actuales instalaciones de Vilassar de Dalt, ampliando los recursos dedicados a investigación, que tras la incorporación de programas CAD/CAM en 1985 dio otro importante paso en 1988 con la puesta en marcha del plotter de corte, siendo la primera velería española en incorporarlo. También se crea el departamento especializado de Vela Ligera y llega la desaparición de las barreras arancelarias, agravando la crisis de los astilleros españoles, al quedar fatalmente heridos con la implantación del Impuesto de Matriculación para esloras superiores a los 7,50 metros.>