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Nacho Orti comienza su clasificación para Minitransat 2007

< Se llama Nacho Orti, tiene 27 años, es técnico en Navegación, Pesca y Transporte Marítimo, patrón de Altura y Capitán de Yate. Habitualmente trabaja como técnico para Tecninau en la Escuela del Mar de Burriana, pero ha navegado en vela ligera y crucero, cuenta en su haber con innumerables trofeos, y desde hace años ha trabajado en temas relacionados con la navegación.

Su objetivo es correr la Ministransat del 2007, y para ello ha invertido todo lo que tiene un ‘mini’, el Zíngaro, ESP 353, un prototipo de Finot Conq, que obtuvo un gran rendimiento en la última edición de la Ministransat.

Participar en la Minitransat es ya todo un reto, y no basta con disponer del barco, o tener muchas ganas de navegar. El navegante debe demostrar que tiene cualidades para ello, que conoce perfectamente el arte de la navegación, que puede sobrevivir en esta prueba y que está preparado para afrontar la prueba.

Y eso solo se puede demostrar de una manera: navegando. Cumpliendo las fases calificadoras exigidas por la Minitranstat y acumulando millas y millas de navegación en solitario, con unos estrictos sistemas de control.

La primera aventura oficial de Nacho Orti comienza este fin de semana, con un recorrido de 1.000 millas en solitario a bordo de su ‘mini’ a lo largo del Mediterráneo con unos puestos de control.

El objetivo salir mañana, si las condiciones meteorológicas son propicias, o a mucho tardar el domingo.

Todo a punto para las 1.000 millas

“El próximo 18 de Marzo, comenzaré la prueba de calificación para la Transat.

Esta prueba consiste en realizar un recorrido de 1000 millas por el Mediterráneo, en solitario y sin escalas. El recorrido va desde Barcelona a una boya situada en medio del Golfo de León, después a la Isla Giraglia en el norte de Córcega y a la isla de Giannutri al sur de Elba. Luego la vuelta haciendo el mismo camino a la inversa.

Esperamos (Nacho habla siempre en pural refiriéndose a su barco y a él) que la meteo nos respete ya que las zonas por las que vamos a navegar, son algo complicadas en estas fechas. La posibilidad de que se meta una Tramontana fuerte que baje por el valle del Ródano, son altas y no es una de las cosas con las que más me apetezca encontrarme en solitario, en una travesía tan larga y en un mini, donde a partir de los 20 nudos las cosas se complican bastante.

Creo que el cupo de temporales ya lo hemos cubierto por este año y prueba de ello fue el que nos pillo el pasado fin de semana durante la travesia Burriana-Barcelona”.

Crónica de un temporal a bordo de un mini

“El viernes 10 de marzo, después de muchos preparativos, salí del puerto de Burriana a las 19:30 horas con dirección a Barcelona. Soplaba un ligero viento de sur, unos 8 ó 9 nuditos. Preferí no izar el spi porque el parte meteorológico anunciaba la entrada de fuertes vientos de poniente, fuerza 6 y hasta 7 para la noche.

Eso era mucho viento para un mini, así que mi estrategia no podía ser otra que navegar pegado a la costa, e intentar alcanzar el puerto de Vinaroz antes de que entrara el temporal, para retomar la travesía después, cuando el viento hubiera amainado a la mañana siguiente.

A las 22:00 horas me crucé con una patrullera de la Guardia Civil, que me recomendó que no navegara más allá de Tortosa, ya que en el Delta del Ebro se esperaba un verdadero temporal.

Su aviso no me sorprendía, ya que soy consciente de que en esa zona los Ponientes se convierten en Mistrales y se aceleran de una forma endiablada. Pero de todos modos mis planes estaban trazados, intentar llegar hasta Vinarós antes de que las cosas se pusieran mal.

Seguí navegando muy pegadito a tierra, pasé Peñiscola y al llegar a Benicarlo noté como el viento empezaba a hacer cosas raras. No se si fue mi experiencia o mi instinto los que me indicaron que debía cambiar el rumbo y resguardarme en Benicarló... pero mis ansias por llegar a Barcelona, me cegaron y no dudé en continuar cuatro millas más hasta Vinaroz.

¡Tremenda equivocación!. ¿Qué puedo decir?, Debería haber hecho caso de mi intuición, porque a 1 milla del Puerto entraron de golpe 40 nudos de viento que me volcaron el barco. el barco.

Tomé dos rizos, de golpe. Imposible dominar el barco. Cayó el tercero, seguía siendo imposible avanzar y el viento seguía subiendo... al final decidí arriar toda la mayor cuando algo golpeó mi cabeza mientras aferraba la vela en cubierta. ¡Era la bandera que señaliza un palangre!. Y me quedé aterrorizado al observar que me había quedado enganchado en él, como fondeado y atravesado a las olas que en esos momentos ya eran bastante grandes a pesar de que estaba muy cerca de la línea de costa.

El GPS indicaba 0,0 de velocidad. Estaba anclado al palangre, en medio del mar, sufriendo por la orza del barco, y llegando a barajar la necesidad de tirarme al mar, para cortar el cable que me unía al palangre...

Al final, jugando con la orza y las velas, y con la ayuda del motor fueraborda conseguí soltarme y el barco volvió a navegar. Para entonces el viento había subido mucho, no sabría decir cuanto ya que no llevo equipo de viento.

Por suerte o por desgracia he estado en varios temporales de 50 nudos, y os aseguro que este era el peor de todos ellos. Solo con el tormentín rizado (superficie vélica equivalente a 2 metros cuadrados) el barco iba muy escorado y las olas que venían del través me volcaban peligrosamente. Con las más grandes abría el rumbo para cogerlas de popa y surfearlas a más de 13 nudos.

Estaba en medio del temporal intentando dominar el barco cuando la placa solar salió volando al romperse la fijación que la mantiene firme a su poste. Por fortuna quedó sujeta del cable y no despareció en el fondo del mar. Mi cabeza solo pensaba en que si perdía la placa solar, adiós a las 1.000 millas.

Salté como un felino y la cogí como pude para amarrarla después con unos cabos al poste, y volver a coger la caña ya que el barco había trasluchado mientras recuperaba mi fuente de energía.

Al amanecer el viento amainó hasta los 30 nudos y decidí izar la mayor con tres rizos, poner el piloto e intentar pegar una cabezada. Estaba mojado, muy cansado y dolorido. El interior del barco era un caos, pero era incapaz de ponerme a arreglarlo, y caí rendido sobre unas velas mojadas y mal plegadas.

A las 10:30 de la mañana, con las pilas cargadas tras unas cuantas cabezadas, me puse a arreglar un poco el desastre causado por el temporal durante la noche.

La burda de estribor se había salido del stopper y la reparación me llevó más de 2 horas. El sábado fue muy duro, el viento variaba de 10 a 25 nudos sin orden ni concierto. Tomé y quité rizos cada 30 ó 40 minutos... A las 12 de la noche del sábado, a 15 millas de Barcelona me quede encalmado. ¡Era el colmo!. Consulté las cartas y vi que Port Ginesta estaba a tan solo 4 millas. Y No me lo pensé.

Necesitaba un descanso y una ducha de agua caliente. Lo primero lo encontré, lo segundo tuvo que esperar ya que no había agua en las duchas del puerto. ¡Y a descansar!.

El Domingo sin más incidentes me levanté temprano y concluí mi travesía hasta Barcelona, donde amarré mi querido Zíngaro, que se portó como un campeón y con el que pasé todo el domingo curándole las ¿heridas de guerra?.

Ahora ya está todo listo para comenzar la travesía de las 1.000 millas sin escalas. Se acabaron los entrenamientos, ahora empieza el verdadero camino hacia la Minitransat.>

 
 

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