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Nacho Ortí, navegante solitario

< Nacho Ortí, es un monitor de vela de 28 años -el próximo día 2 de noviembre de 2007 cumplirá los 29 un joven navegante que debutaba en la Transat 680 con una embarcación del 2001 diseñada por Finot.

El prototipo «Medi Valencia», alcanzó la meta de la Transat 650 y consiguió una meritoria 36.ª plaza en la general de prototipos, una de las pruebas más duras de navegantes solitarios.
Ortí es el segundo de los tres españoles supervivientes en la prueba en cruzar la línea de meta. El primero fue el español Gerard Marín, que invirtió un tiempo de 20 días, 47 minutos y 41 segundos. y que llevó al segundo puesto de la etapa en la división de serie y en el cuarto absoluto de su clase en la general de esta edición. Tras Ortí se esperaba la llegada del Wolkswagen Experience del joven español Hugo Ramón.

Ortí llegaba agotado, más delgado que nunca, y con sueño acumulado de varias semanas. «Ha sido un infierno -reconocía- pero me siento orgulloso de haber podido acabar la prueba». La decisión más dura fue la que tuvo que tomar cuando pasó por Cabo Verde, los pilotos habían dejado de funcionar un día después de dejar La Palma. «¿Abandonar o seguir ». Nacho decidió continuar, constantemente a la caña durante más de 15 horas seguidas durante el día y con las velas bajadas durante la nocheÉ pero ahora reconoce que ha merecido la pena.

La segunda etapa fue especialmente dura. Medi Valencia tomaba la salida el 6 de octubre en Madeira, y después de navegar con buena velocidad y situarse entre los primeros puestos, sufría un problema en los pilotos y se quedaba sin electrónica. Obligado a recalar en Santa Cruz de la Palma, en la isla de La Palma, en Canarias, desmontaba todo el sistema electrónico y lo volvía a montar. Funcionaba. Nacho Orti salía de la Palma el 9 de octubre por la tarde con viento de 40 nudos. Apenas día y medio después, los pilotos volvieron a fallar ¿qué hacer Nacho Ortí se atormentaba sin poder dar respuesta a lo que se planteaba. ¿Seguir sin pilotos automáticos todo el tiempo a la caña del Medi Valencia hasta llegar a Brasil, o retirarse en Cabo Verde La intensidad y el esfuerzo con el que Nacho Ortí ha deseado y perseguido participar en esta regata fueron superiores a cualquier otro razonamiento. Después de Cabo Verde ya no había nada, no había vuelta atrás.

Pero Nacho Orti siguió adelante. «Fue durísimo, no podía poner los pilotos automáticos, por lo que tenía que ser yo, el que guiara el barco en todo momento, con la mano en la caña y la vista en el horizonte y en la aguja del compás. Intenté planificarme lo mejor posible para afrontar lo que ya sabía que iba a ser uno de los retos más fuertes. Era consciente de que no podía permanecer sin dormir. Tenía que racionalizar el esfuerzo. Durante el día me mantenía la caña, más de 15 horas seguidas. Cuando caía la noche, bajaba las velas, ataba la caña, e intentaba dormir algo siempre con un ojo abierto para que el barco, aunque casi parado, no se fuera de su rumbo»

«Cuando amanecía salía al exterior lo hacía ya con la comida y con lo que podía necesitar, porque ya no había forma de soltar la caña ni un momento. No podía cambiarme de ropa, comía con el timón en la mano, continuamente sentado a la banda, y con rozaduras en las piernas y el culo por las horas que tenía que mantenerme casi en la misma postura, mojado, siempre atento, y pendiente del rumbo».

Hubo algún momento de relativo descanso. Aunque los pilotos se negaban a funcionar cuando el barco navegaba con el viento en la popa, el de respeto funcionó cuando pasó el Ecuador y tuvo que enfrentarse a los vientos de ceñidaÉ fue un pequeño descanso porque le permitían cambiar de postura, y moverse un poco por el barco.

Finalmente, Nacho Ortí llegaba a Brasil este mediodía, muy delgado, cansado hasta el agotamiento y con mucho sueño. «Ahora sé que ha merecido la pena, pero hubo un momento, en Cabo Verde, que estuve tentado de abandonarÉ Ahora lo he conseguido».>

 
 

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