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El paciente arte de engañar a los peces

< La espera tranquila y el relax están implícitos en la pesca. Al atardecer, el horizonte costero se desdibuja con líneas verticales finas que rompen la imagen plana, horizontal, del paisaje marítimo.

El pantalán de la playa de Muro es uno de los lugares predilectos para los pescadores aficionados. Al caer el sol, las cañas son las protagonistas de la zona, los bañistas dejan el espacio de mar que ocupaban, el sol se apaga lentamente y los pescadores empiezan a llegar. Joan, es uno de los más fieles a la pasarela de la playa de Muro, pesca desde los cuatro años y no puede esconder la sabiduría que ha adquirido durante más de veinte años de mar. Viene con tres compañeros más, casi cada tarde, y a veces con nevera. Uno de ellos, Xisco, comenta: "venimos a pasar el rato, lo que pesquemos es lo de menos".

Los preparativos

Traen todo lo necesario para pasar la prueba de un pescador con recursos. Por una parte, las licencias, una caja con gusanos, pan, anzuelos de varios tamaños y formas, hilo y un gambero. Por otra, dos cañas de pescar bien enfundadas cada una de ellas; es lo máximo que les permite la licencia.

Los pescadores echan sus cebos al mar sabiendo, de antemano, qué pez quieren capturar, y por eso preparan concienzudamente la caña para conseguir una dorada, una donzella o un sardo. "Cuando hace viento y la mar está encrespada se pueden pescar los peces más grandes", asegura Javi mientras prepara su caña, con la esperanza de poder cenar una dorada. Comienza la espera del pescador. Aguardan sentados, deseando que entre las olas pique alguna presa. Y así hasta las nueve o las diez de la noche, para los pescadores nocturnos. Aunque también hay quien sale a pescar de madrugada y su actividad finaliza cuando aparecen los primeros turistas.

Al paso de una gaviota susurrando, Joan explica las técnicas que suelen utilizar en sus tardes de pesca: "nosotros casi siempre usamos gusanos vivos para pescar, aunque en contadas ocasiones nos llevamos pan. Algunos pescadores suelen capturar antes unos pececillos, marbres, que utilizan para pescar otros peces, pero creo que es una práctica prohibida y por esto nosotros preferimos pescar con gusanos o con corcho"

Los ocasionales

Entre los pescadores más asiduos destacan los turistas, pescadores de un día. "Creen que con una caña cualquiera, casi de juguete, pueden pescar. Vienen aquí una tarde y nos quitan un trozo de pantalán. No tienen demasiada idea de pesca y a veces les engañan con las cañas" afirma Javi, mientras espera impaciente, fumando, que su caña dé una muestra de que algún pez ha picado en su anzuelo. "De hecho, no debería fumar cuando voy a pescar porque el olor a humo queda impregnado en el hilo mientras enhebras el gusano y dicen que ese olor ahuyenta a los peces" puntualiza Javi con un cigarro en la mano. Miquel, de Binissalem, es un joven pescador de fin de semana. Aunque practica la pesca desde los nueve años, es sólo una afición para él y asegura que las mejores horas para pescar son las primeras del día, cuando despunta el sol y los bañistas no han llegado aún a la playa, aunque es cierto que muchos prefieren las horas de la tarde. "Suelo ir a la bahía de Alcúdia, en la orilla del mar, aunque también a las rocas; el pescador debe elegir la zona dependiendo del pez que quiera pescar", explica.

El comerciante

Jaume es el propietario de una armería especializada en pesca, situada en el centro de la isla, y asegura que sus clientes son mayoritariamente hombres aunque de edades muy diversas. "Cada vez hay más jóvenes que se aficionan a la pesca y es curioso que un gran número de pescadores son cazadores que dedican su tiempo libre a pescar", indica. Jaume coincide en las zonas mejores de pesca de la isla con los demás pescadores: la bahía de Alcúdia, Alcanada o la Bahía de Pollença son los lugares predilectos de los citados pescadores y, según este comerciante, son las mejores zonas de pesca. "Actualmente hay muchos aficionados a este arte, podríamos decir que se va a pescar más asiduamente, pero se captura poco. Hay pocos peces pero muchos más aficionados, la verdad es que año tras año tramitamos más licencias".

Cae el sol

Con este día de pesca, se deshacen todos los tópicos que el imaginario social tiene preconcebidos con la pesca. La calma del mar no es necesaria y el silencio del entorno es relativo, cuando un grupo de amigos decide clavar sus cañas, con una neverita y un paquete de cigarrillos, dispuestos a pasar la tarde esperando que un pez se fije en uno de los anzuelos de sus cañas, hasta que se haga de noche. Ayer, más de una decena de pescadores tiraron su caña desde el pantalán, no hubo suerte. Fue un día sin pesca.>

 
 

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