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El mundo del remo tiene a su mito viviente, un inglés de 39 años llamado Sir Steve Redgrave. Tiene a gala ser el único hombre en la historia capaz de proclamarse campeón olímpico en cinco Juegos consecutivos. Todo un superdotado que, por si fuera poco, logró su último éxito después de haber sido diagnosticado como diabético y que, además, sufre dislexia desde su nacimiento. Un ejemplo de superación.
Usted se retiró tras los Juegos de Sidney, pero ya antes había decidido dejarlo y volvió. ¿Por qué?
Porque quería un último título y pensaba que estaba en condiciones de lograrlo. Luego, cuando me estaba entrenando para los Juegos de Sidney, descubrí que era diabético y pensé que mi carrera se había terminado.
¿Cómo supo que sufría diabetes?
Fue un día después de entrenarme. Llegué a casa con una sed tremenda y, por más que bebía, nunca se me pasaba. Llegó un momento en que mi mujer, que es doctora, vio que eso no era normal y me fui al médico. Al día siguiente me mandaron al especialista y a las pocas horas ya estaba inyectándome insulina. Pensé que mi sueño de una quinta medalla iba a ser imposible. Fue un trauma para mí.
¿Cómo es posible seguir al máximo nivel sufriendo diabetes?
Yo tuve la suerte de que di con un médico que me hizo entender que ser diabético no significa no poder hacer lo que quieras y que médicamente no hay razón para que no pudiese ganar en Sidney. Además, hablé con mi mujer, que después de Atlanta me había pedido que lo dejara, y en lugar de eso me animó a seguir. Ella me dijo que “juntos ganaremos esa medalla”.
Entonces, lejos de hundirle, su enfermedad fue una motivación más.
Sí, porque demostré que no tienes que renunciar a tus metas. Sólo es necesario tener un control del azúcar en sangre. Pero me costó entender que tenía que convivir con la diabetes. Empecé a seguir una dieta baja en azúcar, pero con el volumen de entrenamiento que seguía me encontraba rápido sin energía. Tuve que trabajar con un psicólogo, mi entrenador y un especialista en diabetes. La solución estaba en la dieta. Necesitaba más calorías y eso suponía más azúcar, así que tenía que aumentar las dosis de insulina.
Después de todo esto, ¿se planteó alguna vez volver a competir?
No, eso sería motivo de divorcio (risas).
Pero el remo ha sido su vida durante 25 años.
Y sigo ligado a este deporte. Creo que acabaré siendo entrenador, aunque por ahora tengo compromisos para dar charlas y hacer campañas relacionadas con la diabetes.
¿Cómo empezó a practicar el remo?
Fue en el colegio, donde la profesora de inglés, muy aficionada al rugby y al remo, nos medía las manos y los pies. Si los tenías grandes, a los 12 ó 13 años entrabas en el equipo de remo, que fue mi caso. De los de mi grupo llegamos casi todos a los Juegos de 1988.
Tenía algún ídolo en su infancia.
Sí, a los diez años quería ser como Mark Spitz. Luego ya me fijaba más en los grandes remeros.
¿Desde pequeño fue un superdotado?
Cuando entré a los 16 años en el club de remo, decían que podía ser campeón mundial, pero siempre soñaba con ser campeón olímpico.
¿En qué era tan superior a sus rivales como para ser el mejor en cinco Juegos Olímpicos?
Ni física ni mentalmente era el mejor. En actitud tampoco era el mejor. No era el 10 en ningún aspecto, pero en todos ellos estaba en el 8 ó el 9. Para poder estar en el deporte durante largo tiempo, si las cosas te salen con facilidad te aburres y no encuentras desafíos.
¿Cuál fue su medalla más valiosa?
De todos los Juegos, el periodo más difícil fue de 1997 (cuando le diagnosticaron la diabetes) a 2000. Fue un desafío y me ayudó a buscar con más ahínco esa medalla, pero preferiría no ser diabético.
No envidia la fama y el dinero de otros deportistas.
No, aunque es cierto que hay muy pocos con tan buenos resultados como los míos y sin embargo algunos son millonarios ganando mucho menos.
El Mundial de Sevilla no le será ajeno.
No, lo seguiré con mucho interés y me gustaría estar allí. En Sevilla hay un muy buen centro de remo y en los últimos seis años de mi carrera estuve allí varias veces.>