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Ronald Reyes no se embriaga con el éxito

< Caracas. Ronald Reyes no se embriaga con el éxito. Comenzó la final del I Torneo de Campeones Latinos Polar Ice Pro con dos olas que le aseguraron el triunfo, pero no bajó el nivel en las 13 siguientes. Así ha aprendido a vivir la vida: con la sobriedad de un hombre concentrado en sus metas y no con la exuberancia del gran campeón en que se ha convertido.

El de Naiguatá forma parte de una especie rara: esos surfistas competitivos tanto en la tabla regular como en la larga o longboard. Ronald ha combinado una concentración a toda prueba con su buen criterio en la selección de olas, para triunfar en ambas.

El empeño en perseguir sus ya tres títulos nacionales en la primera, no le ha impedido formar parte del Team Quiksilver internacional de longboard, con el que este año espera participar en seis válidas mundialistas.

“Por ahora sólo está seguro Brasil, pero también tengo pla nes de ir a Portugal, España, Francia, el US Open y Hawai, todos en longboard”, anuncia Reyes, de 27 años, a quien además esperan dos etapas del circuito latinoamericano de tabla, en Panamá y Costa Rica.

Tal vez fue precisamente la audacia de pensar en grande la que salvó para el surf el talento de Reyes, un antiguo estudiante de mantenimiento aeronáutico que vio como su vida cambiaba por completo con el deslave de Vargas en 1999.

“Yo estaba en el último año de la carrera y de pronto nos vimos sin casa, quedamos damnificados y nos tuvimos que ir a vivir a Caracas por unos días”, recuerda.

Ante semejante tragedia Ronald tomó la más inesperada decisión: “Pensé que si terminaba los estudios no tenía nada seguro, pero con el surf sí podía ganar dinero para levantarme, así que me concentré en lo que siempre fui: un surfista a dedicación exclusiva. Ésta es mi profesión, un trabajo muy largo y por suerte bien recompensado”.

Pronto apareció un contrato internacional con Quiksilver, y una serie de patrocinantes que ha premiado con su apoyo el empeño de 14 años dedicados a perseguir las olas, seis de ellos como profesional.

Naiguatá ha vuelto a ser su base de operaciones, aunque sólo en las escasas temporadas que pasa en el país entre una gira y otra.

“El esfuerzo que tuve que hacer después de ese trago amargo me permitió enfocarme más en mis metas y me dio la dedicación necesaria para alcanzarlas”, explica con esa actitud resuelta de quien sabe exactamente cuánto vale pero no apabulla con esa certeza.>

 
 

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