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La vuelta a Europa en kayak

< Hace ya casi cinco años, Rainer y Franzisca Ulm dejaron sus trabajos en la Bosch y en una imprenta para lanzarse a una aventura sin precedentes: dar la vuelta a Europa en kayak. Los números de su viaje dan miedo si se tiene en cuenta lo minúsculo de sus embarcaciones. En total, recorrerán 10.000 kilómetros de distancia a lo largo de dieciséis países.

Sin apenas más equipaje que el ansia de aventura, Rainer y Franziska partieron el 1 de mayo del 2000. Como salida escogieron una localidad alemana que lleva por nombre su apellido: Ulm. Bajaron por el Danubio en sus canoas pasando por Austria, Eslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Rumania y Bulgaria. El mar Negro, Estambul, Asia Menor, la isla de Rodas, el Egeo, Atenas, Albania, Italia, la Costa Azul, Barcelona, el Levante español y Andalucía también han visto pasar sus kayaks. Una vez en el Atlántico, subieron por Portugal hasta Galicia. Ayer llegaron a Vilagarcía, desde donde tienen pensado poner rumbo hacia Bélgica y Holanda, para arribar en el 2006 a Hamburgo.

Tras cuatro años y medio a bordo de sus kayaks, han vivido casi de todo. Desde el miedo a los contrabandistas en Rumanía y Bulgaria hasta la amabilidad de un alcalde turco que los alojó una semana en su casa y puso vigilancia a sus canoas.

Si hay una palabra que pueda definir el viaje de Rainer y Franziska esa es solidaridad. En su vuelta a Europa siempre han encontrado manos amigas. Especialmente en Italia, donde Rainer sufrió una hernia discal que lo obligó a someterse a dos operaciones en Roma. El médico no le cobró, pero tampoco el dueño de un lujoso hotel en el que se alojó durante semanas, ni el propietario de un afamado restaurante que le dio dos comidas diarias durante los meses que tardó en reponerse de la intervención.

«La gente es maravillosa», dice Franziska. También la española. En Barcelona, una caries dejó fuera de combate a Rainer. El dentista que le atendió no sólo hizo gratis su trabajo, sino que luego los invitó a comer.

En Vilagarcía también han encontrado ayuda. El hostal Nogal los aloja gratis y el restaurante La Tasca de la Marina les da de comer como contribución a su gesta.

El tramo al que se enfrentan ahora es el más complicado. El Atlántico ya les dio un buen susto en el cabo de San Vicente (Portugal). No lo tendrán fácil para cruzar la Costa da Morte y el canal de La Mancha en invierno. Pero ese es el espíritu de su aventura.>

 
 

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