::masmar > Historias del mar >      
 
Abandonado en Canarias

< Hace exactamente dos años y ocho meses que Arnoldo Aranda Hernández, de 45 años, malvive en la capital grancanaria. Reside en una habitación de La Casa del Marino, come una vez al día gracias a la generosidad de Cáritas y casi diariamente recibe la llamada de su esposa que le telefonea desde Colombia. La conversación se prolonga apenas cinco minutos, el tiempo justo para que Arnoldo finja que está bien de ánimo y de salud y para que su mujer vuelva a sembrar la duda de que “seguramente estoy en Gran Canaria con otra y que no quiero volver a verla”, explica. En cambio, el devenir diario de Arnoldo, retenido desde hace casi tres años en la capital grancanaria por una orden emitida por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, está marcado por la soledad y el desánimo. Muestra el informe de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Doctor Negrín que confirma que Arnoldo, nacido en Panamá y con estancia en Colombia, se encuentra en tratamiento farmacológico a base de Prozac como consecuencia de una fuerte depresión. Hace un año estuvo ingresado varios días después de que intentara suicidarse tirándose desde un décimo piso.

Arnoldo, capitán de barco desde los 22 años, da muestras de ser un hombre formado, inteligente, correcto y tremendamente educado. Sin embargo, reconoce que el juez Baltasar Garzón, al que culpa directamente de su desafortunada situación, le ha forzado hasta el límite. “Sé que está esperando a que yo cometa una huevada”, expresa con su característico acento. Por prescripción facultativa intenta mantener ocupada su mente el mayor tiempo posible, así que por las mañanas acude la Escuela del Marino, donde recibe clases de pesca, hidráulica y náutica. A media tarde se traslada a una escuela de Radio Ecca donde estudia francés, puesto que reconoce que los idiomas son su asignatura preferida. Aún le queda tiempo para acudir dos horas diarias al gimnasio y para ayudar cada noche a los camareros de la cafetería anexa a La Casa del Marino a guardar las mesas y las sillas de la terraza.

El pasado 20 de marzo tuvo el valor suficiente para acercarse hasta el auditorio Alfredo Kraus donde asistió a la conferencia dada por el juez Baltasar Garzón. “Habló de los derechos y las libertades de los hombres, de la ilegalidad de la guerra y de que una persona y un pueblo no pueden ser juzgados si no existen pruebas contra ellos. Es un gran demagogo porque yo llevo esperando dos años y ocho meses a que presente las supuestas pruebas que tiene contra mi”, añade con los ojos rallados de lágrimas.

Defiende su inocencia hasta la saciedad y narra que fue alertado por un oficial de que varios helicópteros sobrevolaban el barco. “Nos trajeron a Las Palmas, donde permanecí un año con otros ocho oficiales. Entonces Garzón les devolvió a ellos la documentación”, explica Arnoldo.>

 
 

Click to Visit
Clickea para visitarnos