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La pesca de cetáceos está en el origen de Orio, que adquirió el título de villa el 14 de mayo de 1379 con el nombre de Villarreal de San Nicolás de Orio. Durante muchos años, la caza de la ballena vasca supuso una fuente de riqueza para la localidad. En la actualidad, ya no quedan animales de esa especie, tambien llamada franca, que proporcionaba mucho aceite y era lo suficientementemente lenta como para que las embarcaciones de los arrantzales se acercasen a ella. Los astilleros vascos eran considerados los mejores de Europa en el siglo XVI y sus pescadores llevaban fama de ser muy hábiles. La captura de las ballenas se realizaba con arpón. Tres embarcaciones, con media docena de hombres cada una, rodeaban al animal y le daban muerte; dos barcos más apoyaban el arrastre de la pieza a tierra. La Cofradía de Pescadores de San Nicolás de Bari todavía rememora la captura del último ejemplar, en 1901.
San Nicolás. Quien pasee por el casco urbano de la villa, acodada en la ría del Oria, podrá admirar mansiones nobles como Claesens y Kolon Txiki. También descubrirá la iglesia parroquial de San Nicolás, con planta de cruz latina, poderosos contrafuertes exteriores y dos atrios porticados que se comunican entre sí con un mirador. Para redondear el recorrido, no estaría mal darse una vuelta por la ría y ver las embarcaciones atracadas en el muelle. Para descansar del paseo, disponemos de las áreas recreativas de Luzarbe y Antilla.
Un maravedí por persona. En el pasado, Orio vio pasar a muchos peregrinos jacobeos que llegaban de San Sebastián, a través de la ladera del Mendizorrotz, con intención de cruzar la ría. Aquellos penitentes tenían el privilegio de hacer gratis la pequeña travesía en barca que, habitualmente, costaba un maravedí por persona.
Aún quedan restos de la antigua calzada que seguían, así como uno de sus habituales lugares de encuentro: la ermita de San Martín de Tours, que nos ofrece una excelente vista de la costa.>