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Mañana hace cien años, el 22 de octubre de 1903, que se recibieron las obras del contradique del Abra de Bilbao, al este, en Ge-txo. Del mismo modo que el año pasado, el 7 de setiembre de 2002, conmemoramos el centenario de la finalización del rompeolas o dique del oeste, el que se inicia en Santurtzi, parece oportuno hacerlo ahora con su complementario en la margen opuesta.
Ambas colosales obras, incluso en la actualidad merecerían idéntico calificativo, respondieron al proyecto de Puerto Exterior de la Ría de Bilbao, dividido en dos partes: rompeolas y contramuelle. Redactado por el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Evaristo de Churruca y Brunet (1841-1917) que había sido nombrado en 1877 director de la Junta de Obras del Puerto de Bilbao, fue realizado entre 1886-87 siendo aprobado por Real Orden el 29 de junio de 1888.
La configuración física del perfil de la costa vasca en el Golfo de Bizkaia frente al mar Cantábrico, subsidiario del Océano Atlántico, ofrece una gran apertura, que le otorga ese nombre, entre elevados acantilados desde la costa occidental en Santurtzi hasta la costa oriental en Punta Galea, en Getxo, distantes 2,7 millas (5 kms.). Asimismo, entre éste teórico frente, dotado de una gran profundidad, hasta 15 metros, y la afluencia de la corriente fluvial, inicio del estuario del Ibaizabal, hay una distancia de 3 millas (5,5 kms.), donde se crea una gran ensenada que por problemas de oleaje, vientos dominantes, NO y SO principalmente, no era un puerto natural de refugio con garantía. Este enorme espacio oceánico, en forma de embudo, constituye El Abra de la Ría. Un inmenso vacío repleto de mar.
Las obras del contradique, de Getxo, aprobadas el 14 de agosto de 1893, se adjudicaron a los mismos contratistas de las del rompeolas, L. Coiseau, Abel Couvreux fils y Félix Allard, en enero de 1894. Se trata de un espigón que parte de Punta de la Begoña, en el lado oriental, en Algorta, hacia el Oeste, para desahogar la fuerza de la marejada dirección O-NO que rompía en los arrecifes. Compuesto de una escollera en masa desde el fondo, en ese lugar 12 metros de profundidad, hasta tres metros por debajo de la línea de bajamar equinoccial. Sobre dicha base se asienta un basamento de sacos de hormigón donde se apoya la superestructura, una sección de 9 por 6 metros constituida por dos muros de bloques con relleno de hormigón. Se terminó en la campaña de 1901 siendo su longitud final 1.148 metros, algo mayor de lo proyectado. En su extremidad, lo mismo que en el rompeolas de Santurtzi, se construyó posteriormente un faro sobre una torre de sillería en color blanco elevado 15 metros sobre su base y a 20 metros desde el mar. Fue encendido el 1 de agosto de 1904 y continúa emitiendo sus destellos de color rojo.
Con la construcción de estos largos brazos defensivos ante a la mar finalizó la fortificación de El Abra frente al embate del oleaje, predominante noroeste. Por dicha razón fue prioritario iniciar la construcción del rompeolas de Santurtzi, mucho más complejo, que se extendió perpendicular a esta dirección en su largo tramo inicial de 950 metros y un quiebro de 165º en los restantes 500 metros. Entre ambos extremos de los diques se formaba la embocadura de 640 metros de anchura que permitía la entrada al incipiente puerto exterior. Este enorme ámbito, hasta la línea de bajamar, tenía inicialmente 287 hectáreas de las que 205 corresponden a fondos entre 5 y 15 metros de profundidad en bajamar equinoccial y el resto un fondo entre 9 y 15 metros. La construcción del puerto exterior en El Abra representa el dominio sobre la mar, un espacio donde el agua se hace dócil. Y, desde el aspecto paisajístico, los diques representan un sutil enmarque de la naturaleza marítima. Julio Caro Baroja expresa con oportunidad estas impresiones cuando decía: «Para mi el enigma mayor y también la fuerza mayor que pueda tener la historia vasca está en la relación del vasco con el mar».> |