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Yo debo tener en el cielo alguien que ruega por mí

El turbio historial del "Diana Uno"
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< La fortuna ha sonreído cuatro veces al marinense José Luis Bouzas del Río, un marinero de 43 años que lleva trabajando 27. Su vida es digna de una novela: ha sobrevivido a dos naufragios y evitado ser víctima de otros dos hundimientos. Es una cifra difícil de batir incluso en una villa pesquera como Marín y que hace que su familia espere siempre su regreso con el corazón en un puño. Consultado por la causa de su sino, se relaja: «Yo debo tener en el cielo alquien que ruega por mí».

Eludió la muerte por primera vez cuando rechazó embarcarse en el Montrove , un barco gallego que desapareció cerca de Canarias con 17 tripulantes. «De este barco, ni se encontraron los restos ni se supo qué pasó», explicó. Trabajaba allí, pero en la anterior escala del pesquero le dijo al armador que no iría en la siguiente marea. Eso le salvó la vida. No fue la única vez. Lo mismo le ocurrió con el Marbeo , que se hundió frente a Cíes, y al que no llegó a subir.

Siniestro en el Gran Sol

En enero de 1989 sintió que la suerte podía darle la espalda. Estaba en el Big Cat, que naufragó en Irlanda. En el siniestro perdió a tres compañeros y él estuvo al borde de la muerte. Fue su primer naufragio y del que guarda el recuerdo más sombrío. «En aquella ocasión estuve a punto de morir de hipotermia. Fueron muchas horas en unas aguas muy frías hasta que nos rescataron».

Este siniestro en el Gran Sol le sirvió para echar mano de la experiencia adquirida al hundirse el Diana 1 en Bilbao. «Había compañeros que estaban nerviosos y tuve que tranquilizarlos. No estábamos en alta mar», precisa.

Bouzas está dispuesto a seguir usando su buena estrella. No se acostumbra a la vida en tierra y unos meses después de cada susto siempre ha vuelto al mar. «Uno también puede morir en una carretera», concluye.>

 
 

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