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Italia, a finales de los años 40, tras recuperarse de la II Guerra Mundial, no contaba en su flota de pasaje con unidades modernas, que pudiesen transportar viajeros a través de los mares, haciendo gala del nuevo poderío
económico y social de esa nación. Para poner fin a esa situación, la Sociedad Per Azioni di la Navigazione (Italian Line), encargó a los astilleros Ansaldo, en Sestri Ponente, la construcción de dos barcos que
fueran el reflejo de ese nuevo esplendor, materializándose esa idea en los buques Andrea Doria y Chistoforo Colombo. Estos barcos, llevaban los nombre de dos de los más ilustres marinos genoveses y fueron en su día el orgullo
de esa naviera y por ende de la nación.
Se puso la quilla del Andrea Doria el día 9 de enero de 1.950. Fue botado el 10 de junio de 1951, comenzando sus pruebas de mar el 6 de octubre de 1952 y entrando en servicio a principios del año siguiente, iniciando su primera singladura trasatlántica el 14 de enero. Medía 212 metros de eslora, 27 de manga, desplazando 29.083 toneladas. Acomodaba a 218 pasajeros en 1ª clase,
320 en cabin class y 703 en turista. Fue decorado con múltiples obras de arte, incluido un grandioso mural de Salvador Fiume de 148 m2. Tenía 3 piscinas, 3 salas de cine y todos los “lujos” propios de la época Los 50.000
cv que le proporcionaban sus turbinas Pearson Gared, accionaban dos hélices gemelas de 3 palas, consiguiendo una velocidad máxima de 26,2 nudos y mantenida o de crucero de 23. El barco estaba construido con los máximos
avances tecnológicos de la época. El diseño de su casco, doble y dividido longitudinalmente mediante mamparos que iban del doble fondo hasta la cubierta A, formando 11 compartimentos estancos, hacia que se le considerase
insumergible. Por si a caso y siguiendo las normas, se le equipó con 16 botes salvavidas, con capacidad total de 2.000 personas.
Sin embargo, en la noche del 25 de julio de 1956, cuando iba a finalizar su 101 singladura del Atlántico y en el punto marcado por las coordenadas, 40º29’30” N, 69º51’00”W, frente a la isla de Nuntucket, en la costa de Nueva
Inglaterra y a solo 159 millas de su destino, Nueva York la mar, nos volvió a demostrar lo presuntuoso que resultaron los ingenieros. El Andrea Doria colisionó con el Stockholm y se hunde a la mañana del día siguiente tras 11
horas de agonía. Había zarpado al mando del capitán Piero Calami del puerto de Génova. Tas hacer escala en Cannes, Nápoles y Gibraltar, con 1.221
pasajeros y 482 tripulantes puso rumbo hacia Nueva York.
El Stockholm, era un barco de pasajeros sueco, con proa reforzada para
hielos, de 12.165 toneladas de desplazamiento, 160 metros de eslora y 21 de
manga. Había salido a las 16 horas del puerto de Nueva York , con destino
Copenhague y Goteborg. Transportaba 534 pasajeros y 161 tripulantes. Era el
mayor buque construido por aquel entonces en Suecia. En el momento de la
colisión, estaba al mando el 3º oficial, Johan Carstens Jhonnsen.
Sobre la colisión y sus causas, se ha escrito mucho y hay muchas versiones e
hipótesis, pues antes de celebrase el juicio, ambas navieras llegaron a un
acuerdo. El seguro de cada naviera asumía los gastos propios. Se evitaba así
el juicio y por tanto la delimitación clara de las responsabilidades.
Probablemente fue la mejor decisión, pues hace bueno el dicho; “Siempre se
ha dicho que un mal acuerdo es siempre mejor que un mal juicio”. Sin
embargo, esta decisión, deja muchas dudas y discrepancias.
Resulta difícil comprender como dos barcos pueden chocar en medio de la mar.
Lo primero será describir un poco la costa en la que se produjeron los
hechos.
El Stockholm, había salido del puerto de Nueva York a las 16.00. Navegaba
paralelo a la costa de Nueva Inglaterra, al rumbo E (90º) en demanda de la
Isla de Nantucket, a unas 160 millas, la dejaría por su banda de babor y
comenzaría a ganar hacia el norte. Esta era la derrota mas corta a llevar
para enfilar hacia las costas del norte de Escocia sin pérdida de tiempo.
A su vez, el Andrea Doria después de haber tenido una mala singladura
causada por el mal estado de la mar, buscaba a su ver la luz del barco- faro
de la Isla de Nantucket. Navegaba unas 20 millas mas al norte del rumbo, que
una regla no escrita, determinaba como el correcto para los buques en
dirección Nueva York dentro de un denso banco de niebla. Llevaba retraso y
su capitán buscaba ganar tiempo acercándose a la costa.
Hacia las 23 horas, el Andrea Doria, iba realizando una navegación
instrumental; es decir, fiándose de la información suministrada por el
radar, pues la espesa niebla que lo envolvía, no le permitía “ver”. Detectó
en su pantalla de radar, un blanco que creyó se trataba del barco – faro de
la Isla de Nantucket. Pero, algo falló, pues se trataba del Stockholm, el
cual no navegaba entre niebla a pesar de su proximidad, situación esta, que
hizo creer al oficial al mando que el Andrea Doria podía verle y por tanto
corregir el rumbo.
A las 23.10 horas, ambos buques se avistaron sin tiempo de evitar la
colisión. El Stockholm, con su proa reforzada para la navegación entre
hielos, impactó con virulencia por el costado de estribor del Andrea Doria,
causándole un enorme boquete de 29 metros de diámetro (otros dicen 26) que
afectó a 7 de sus 11 cubiertas, escorándose rápidamente, haciendo inútiles
los botes salvavidas de la otra banda, ya que no se podían arriar. Esta
incremento excesivo en la escora del buque, se cree debido a un error en el
lastrado del buque (llenar de agua los tanques a medida que se va
consumiendo el combustible para compensar la flotabilidad).
Ambos buques radiaron mensajes de S.O.S., los cuales fueron respondidos con
celeridad por los buques que navegaban por la zona. El primero en llegar fue
el William Thomas, después el Cape Ann, el destructor de marina americana
Edward Allen y el trasatlántico frances “Ille de France”. Esta rapidez en la
respuesta, consiguió que el accidente, se saldara con un número
relativamente escaso de muertos, 51. Gran parte de ellos, perecieron en
instante de la colisión, al quedar atrapados en el amasijo de hierros de la
proa del Stockholm o desaparecidos en el gran boquete del costado del Andrea
Doria.
Mucho se ha escrito sobre las causas del accidente, los errores o falta de
acierto cometidos por ambas tripulaciones. Invocando el reglamente
internacional para la prevención de abordajes en la mar (RIPA),
concretamente sus reglas 1ª ámbito de aplicación, 2ª responsabilidad, 5ª,
6ª, 7ª y 8ª concernientes a la vigilancia, velocidad, riesgo de abordaje y
normas a seguir para evitarle, cada informe redactado da diferentes
“culpables”.
¿Quién tuvo la culpa?. Como antes cité, no hubo juicio y por tanto no se
declaró expresamente la culpa de ninguna de las tripulaciones. Sin embargo,
el capitán como el oficial al mando del Stockholm en el momento de la
colisión, siguieron navegando. Piero Calami, capitán del Andrea Doria y
destinado a ser el nuevo capitán del Chistroforo Colombo, fue apartado del
mando y de la navegación.
Como curiosidad, citar que a bordo del Stockholm y como marinero, navegaba
un español, de nombre Bernabé Polanco, cuyo comportamiento fue calificado
como “ejemplar”.
También es curioso comprobar las supersticiones en el ámbito de la mar. El
Costa Fortuna, perteneciente a la naviera “Costa”, está decorado con
reproducciones, maquetas y dibujos de los grandes buque italianos de la
“edad dorada” de los trasatlánticos. No hay a bordo del mismo, ninguna
reproducción del Andrea Doria. Desde luego, la ha sido a causa del olvido.
Esperemos que la mar, no vuelva a recordarnos de forma tan trágica que los
barcos, por muy in hundibles que se los crea, se van para el fondo. Ocurrió
con el Titanic y volvió a suceder con el Andrea Doria.
Para los curiosos, el refranero náutico, en el siguiente verso, resume el
RIMA:
Si ambas luces de un vapor,
por la proa has avistado,
debes caer a estribor,
dejando ver tu encarnado.
Si da verde con el verde,
o encarnado con su igual,
entonces nada se pierde,
siga a rumbo cada cual.
Si a estribor ves colorado,
debes con cuidado obrar,
cae a uno u otro lado,
para, o manda ciar.
Si acaso por tu babor,
la verde se deja ver,
sigue avante, ojo avizor,
débese el otro mover.
Buque que a otro alcanza,
gobernará sin tardanza.
Entre un vapor y un velero,
maniobra siempre el primero.
(excepto cuando el velero alcanza)
Está siempre vigilante,
y ten presente además,
si hay peligro por delante,
modera, para o da atrás.>