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Capitán atribuye el accidente a la mala señalización

Palangrero guardés encalla en las Fidji
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< Agustín Fernández, capitán del Balueiro Terceiro , el palangrero guardés encallado en un arrecife situado a unas 231 millas al norte de la capital de las islas Fiyi, en el Pacífico sur, afirmó ayer que el accidente se debió «a que la zona está repleta de arrecifes, las cartas de navegación son malas y tienen muchos detalles defectuosos y muy mal señalizados». Y añadió: «Ocurrió mientras estaba preparando los papeles para el puerto; sentimos un fuerte golpe y creímos que era un tronco; pero empezó a entrar agua y la escora era fuerte; tuvimos que abandonarlo». Dado el estado del buque, Fernández duda que pueda recuperarse «porque estaba inundado».

Entre tanto, los 16 tripulantes del pesquero pusieron ayer sus pies en tierra firme en Sava, la capital del remoto archipiélago austral (situado a unos 13.000 kilómetros de Galicia), alrededor de las 22.30 hora española. Allí llegaron a bordo del Novo Airiños , también palangrero gallego que está explorando el caladero, tras una odisea de casi 36 horas de supervivencia sobre un islote al que accedieron en plena noche del sábado pasado en sus lanchas salvavidas, tras alejarse del pesquero, anegado por el agua.

Los cinco marineros españoles, cuatro de ellos gallegos (Modesto M.N., patrón, y Agustín Fernández García, capitán, ambos de Cangas; y José Luis M.D. y Jesús L.N., ambos de A Guarda), el quinto es el madrileño Florentino G.B, así como siete indonesios, un ruso y tres senegaleses, empezarán hoy mismo a preparar los trámites para su repatriación a España, adonde esperan llegar el próximo jueves o viernes, dependiendo de la celeridad del papeleo consular. La secretaría de Pesca ha activado su sistema de apoyo a los marineros para facilitar la repatriación ante las autoridades fiyianas, y considera que su vuelta «es cuestión de horas o de días».

A la nueve de la mañana, ocho de la noche en Oceanía, La Voz contactó con el buque gallego Novo Airiños , que transportaba a los naúfragos hacia tierra firme. Al otro lado del teléfono, estaba el capitán del buque encallado, Agustín Fernández: «Estamos todos bien -afirmó-, salvo algunas magulladuras y cortes en brazos y piernas debido a que el coral por el que trepamos es extremadamente cortante. Toda la zona es un inmenso arrecife por el que navegar es bastante complejo».

Para el capitán, el peor momento fue «la noche después de encallar; la pasamos bastante mal, porque no sabíamos exactamente dónde estábamos, ni si podríamos estar allí más tiempo hasta que nos rescatasen. Salimos del barco y nos alejamos con las lanchas; cuando oímos el avión de búsqueda, nos dimos cuenta de que nos habían localizado. Al llegar el alba, ya nos quedamos más tranquilos».>

 
 

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