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Un libro revela el papel singular del puerto de Gijón

La presentación, en la Tertulia Los Manzanos, del libro 'Marinos, Puertos y Barcos en la antigua Asturias', que ha obtenido el premio Alfredo Quirós 2000-01, se convirtió en un alegato a favor de una nueva interpretación de la historia de Asturias, particularmente del periodo pos-romano. Las investigaciones realizadas por Hernán Javier del Frade, marino y jurista, y por Rubén Figaredo, historiador y fotógrafo, vienen a desvelar tres rasgos: el papel singular de la Asturias marítima desde la Edad del Bronce, en detrimento del interior, mal comunicado y agreste; la importancia singular del puerto de Gijón, como único gran puerto asturiano, llave de la importación y exportación de manufacturas y metales (oro y cobre), y el grado de organización y desarrollo que tienen las 'vilas' que rodean el puerto de Gijón, que les hace asimilar la cultura romana, para crear posteriormente el germen de lo que sería la Monarquía asturiana.

Urdaneta fue un navegante de la talla de Colón, Magallanes...

Para unos, muchos, Urdaneta es un perfecto desconocido. Para otros, sólo es uno de los innumerables vascos más o menos famosos de la aventura americana, y a lo sumo lo identifican como misionero, pues como tal lo representa el monumento erigido en su pueblo natal, Ordizia. Los menos saben que fue el factótum del «tornaviaje», la ruta de regreso de Filipinas a América a través del Pacífico. Pero incluso esos menos desconocen el perfil inédito y apasionante que tanto del marino vasco como de su hazaña nos ofrece José Ramón de Miguel en «Urdaneta en su tiempo».

El viaje más largo me llevó desde San Francisco a Sicilia

José Ramón Miguel, marino y autor del libro 'Urdaneta y su tiempo', afirmaba hace escasos días que Urdaneta se lanzó a un abismo de 8.000 millas para cruzar el Pacífico «contando con que media tripulación era, como quien dice, una cuadrilla del Goierri, es decir, una garantía de que no habría motines». Han pasado ya algunos años desde el momento en el que el San Pedro llegaba a Acapulco abriendo lo que a partir de entonces sería «la primera gran línea regular de navegación entre Asia y América». Aquellos goierritarras arribaron a puerto el 8 de octubre de 1565. Resulta extraño hablar de marineros en una comarca rodeada de puertos, sí, pero de montaña. Pero está claro que, haberlos, los ha habido y los hay. Xabier Garmendia Iberoaga, el lazkaotarra al que queríamos llegar después de tan largo rodeo, es capitán de Marina Mercante. Su segunda casa, los petroleros y los buques quimiqueros.

La nueva Arca de Noé

Un buque de la Marina sudafricana ultima el traslado de 300 elefantes, así como de otras especies de animales, desde la bahía de Walvis en Namibia, hasta el puerto de Luanda, capital de Angola. Inevitablemente, la operación ha sido bautizada como proyecto Arca de Noé emulando uno de los pasajes más memorables del Génesis.

Los habitantes de Fanalei, en las islas Salomón, cazadores de delfines

En Fanalei, en la vertiente oeste de la isla de Malaita, sólo hay una tienda, una choza donde se vende lo imprescindible: tabaco, azúcar, galletas, combustible... Para pagar se aceptan dos monedas, el dólar de las islas Salomón y los dientes de delfín. Ambos sirven. Pero para los 500 vecinos de Fanalei es mucho más fácil hacerse con los dientes que con los billetes.

Tres meses viendo vídeos en un barco a la deriva

Richard Van Pham salió a dar un paseíto de tres horas en su velero hace más de tres meses. Su plan era navegar desde la costa de California hasta una pequeña isla a poco más de 30 kilómetros mar adentro, pero, a medio camino, una tormenta destrozó el único mástil de la embarcación, y poco después el motor se estropeó. Fue entonces cuando Van Pham, un estadounidense de 62 años y de origen vietnamita, se dio cuenta de que la radio tampoco funcionaba. El barco y su único tripulante estaban a la deriva, incomunicados y a merced de las corrientes.

Los restos de Diego Colón

Un equipo de investigadores exhumó los restos de Diego Colón, hermano menor de Cristóbal Colón, para realizar pruebas de ADN, compararlas con los restos del almirante que se conservan en Sevilla y en la República Dominicana y determinar cuál es la verdadera tumba y la identidad de sus padres.
Los restos de Diego Colón, fallecido en 1515, estuvieron depositados en una capilla de la Cartuja de Sevilla hasta su descubrimiento en 1930, y desde entonces han estado bajo custodia de la fábrica de cerámica La Cartuja-Pickman, que los entregó a los investigadores.

Puerto de Gijón. Castillo de Salas. Una incómoda zapatilla

Lleva 17 años escondido a casi 20 metros de profundidad, pero su presencia nunca ha pasado inadvertida. Las manchas de fuel y el carbón delatan al Castillo de Salas con demasiada frecuencia, y ahora es protagonista, porque cada vez queda menos para que diga adiós. Para siempre.
La primera fase de los trabajos para trasladar a 77 kilómetros de la costa gijonesa la incómoda 'zapatilla' del Castillo de Salas han llegado a su fin. Estas tareas preliminares, a cargo de la empresa norteamericana Titan Maritime, han sido la base de la parte más espectacular de la operación: su traslado a alta mar, que llegará en una fecha aún no determinada, pero que será antes del 30 de junio del próximo año.

Un Mar Muerto y maloliente

Hace 2.000 años, cuando las legiones romanas cercaron a los judíos en la roca de Masada, el Mar Muerto tenía una superficie de agua de casi el doble de la actual. «Los estudios geológicos revelan que alcanzó entonces uno de sus máximos históricos», explica Eran Feitelson, experto en cuestiones hídricas de la Universidad de Jerusalén. «Desde entonces, el Mar Muerto ha tenido altos y bajos. La última gran crecida fue en el siglo XVIII.Pero en los últimos 50 años ha estado bajando continuamente.En el nacimiento de Israel, en 1948, medía 80 kilómetros. Ahora mide 50. Y sólo desde 1980, su nivel ha bajado 15 metros».

La obra de Juan Campos Calvo-Sotelo sobre la Costa da Morte

La presencia de la regata Cutty Sark en la ciudad ha llevado al Club Náutico a presentar un libro que trata la parte más oscura de la navegación. “Náufragos de antaño” relata la historia de los hundimientos acaecidos en A Costa da Morte en el siglo XIX. Su autor, Juan Campos Calvo-Sotelo, afirma que se trata de la obra que a él le gustaría leer sobre naufragios, por tratarse de “un libro entretenido a la vez que riguroso, aunque sin ser académico”.