| 'Se trata de un dispositivo capaz de inflar, en pocos segundos, un «cinturón de globos» alrededor del casco de un barco y evitar que éste se hunda
Un airbag para barcos. Una fila de globos incrustados en el casco, en el interior de cilindros especiales que los disparan automáticamente cuando la embarcación corre peligro de hundirse. Una de esas ideas que, una vez expuestas, parecen evidentes por su sencillez, pero que a nadie se le había ocurrido poner en práctica hasta ahora, a pesar de los miles de muertos que el mar se cobra cada año en el mundo. Una aplicación tecnológica que está destinada a salvar muchas vidas y a evitar la hasta ahora inevitable pérdida de barcos a causa de colisiones, naufragios o tormentas.
La «culpa» del invento ha sido de dos españoles, César Gómez Portela y Vicente López Perea, dos gallegos que después de más de quince años de trabajo y tropezones ven ahora cómo su proyecto, patentado ya en 25 países, cuenta con el decidido apoyo de la Dirección General de la Marina Mercante y recibe la máxima subvención (el 35 por ciento) que el Ministerio de Ciencia y Tecnología puede conceder a través de su Programa de Fomento a la Investigación Técnica (Profit). La primera prueba «real» del sistema de salvamento marítimo Kafloat (del inglés «keep afloat», mantener a flote) tendrá lugar en Huelva, a mediados de noviembre.
Una extraña pareja
César Gómez Portela y Vicente López Perea forman, sin duda, una extraña pareja. El primero, a sus 54 años, es un hombre tranquilo, tímido y poco hablador. El segundo, a sus 70, es un torbellino de palabras y de ideas que pugnan por salir todas a un tiempo. César es de campo, un gallego de tierra adentro, de pocos estudios pero con una fina inteligencia y una extraordinaria intuición para la ciencia aplicada, esto es, el arte de saber aprovechar principios y teorías abstractos para resolver problemas concretos.
Vicente, por su parte, lleva el mar y los negocios en las venas. Capitán de fragata y empresario nato, se ha aventurado en campos tan dispares como el transporte de personas, la ganadería, la energía eólica o una fábrica de hamburguesas y salchichas que tiene el mérito de haber sido creada en 1974, mucho antes de que los primeros «burger» triunfaran en España.
La historia del dispositivo que está destinado a revolucionar la seguridad en el mar comenzó hace 18 años, cuando Cesar Gómez sufrió la pérdida de tres buenos amigos, tres pescadores que se hicieron a la mar en un atunero y que nunca regresaron. Un caso más para la estadística (el 80 por ciento de los marineros españoles que pierden la vida en naufragios son gallegos), pero que para él lo cambió todo. «Entonces no sabía cómo -recuerda César Gómez- pero sentí que tenía que hacer algo para que no siguieran ocurriendo cosas así».
Pruebas caseras
Poco a poco, la idea de que unos simples flotadores podrían evitar que un barco se hunda llegó a convertirse para él en una obsesión. «Empecé a hacer pruebas en mi casa, en la bañera, con cestos de mimbre y los globos de los niños». De la bañera pasó al río y de ahí a la mar. Y se detuvo, porque una cosa es tener una buena idea y otra muy distinta es conseguir ponerla en práctica, buscar financiación e implicar a empresas e instituciones en el proyecto. César siguió investigando por su cuenta, perfeccionando su invento. Estudió con detalle la forma en que los globos deberían sujetarse a los barcos, desarrolló las piezas... y hace cinco años conoció a Vicente López.
«Me di cuenta enseguida -afirma el capitán de fragata, hoy en situación de reserva- de que la idea era extraordinaria. Pero había que moverla, darla a conocer, desarrollarla». La Dirección General de la Marina Mercante la recibió con entusiasmo y la empresa Sener se comprometió a aportar la ingeniería necesaria para convertir el proyecto en realidad.
A partir de ese momento todo fue muy rápido. Surgieron informes técnicos cada vez más complejos, los ingenieros de Sener se plantearon nuevos problemas y se realizaron multitud de cálculos. Parecía increíble, pero el planteamiento y las piezas originales de César, el hombre sin estudios que sólo quería salvar vidas, eran prácticamente perfectos. Hace apenas un año, en noviembre de 2001, César Gómez y Vicente López, el hombre del pueblo y el oficial de la Armada, se convirtieron en socios y fundaron la empresa Kafloat, que será la firma que comercialice el nuevo dispositivo.
Hoy, a falta de los últimos retoques técnicos y de diseño, el sistema de salvamento marítimo Kafloat está prácticamente terminado. Consiste, básicamente, en un cilindro de unos 40 cm de largo por 35 de ancho, compuesto por varias piezas que encajan entre sí, fuera y dentro del casco de la nave, y que en su interior guarda un globo plegado. El número de cilindros que debe instalarse en un barco para convertirlo en insumergible depende, básicamente, del peso y el tamaño de la embarcación. Una vez hinchado, cada globo es capaz de desplazar una tonelada y media de agua. El sistema puede activarse tanto de forma manual, si el capitán del barco en apuros lo considera necesario, como automática, si una serie de sensores en el interior de las bodegas detectan una cantidad de agua suficiente como para poner en peligro la embarcación.
En segundos
Una vez desplegados e inflados, operación que se realiza en pocos segundos, los globos mantendrán el barco a flote durante el tiempo necesario, hasta que lleguen los equipos de rescate o sea remolcado a puerto. El tamaño de los globos (2x1,8 metros) está calculado para que la embarcación pueda mantener, incluso con una vía de agua, una mínima capacidad de maniobra. Los diseñadores garantizan que el dispositivo puede mantener a flote el barco durante cinco días completos, tiempo más que suficiente para realizar cualquier tarea de salvamento.
«En principio -asegura César Gómez- el Kafloat se aplicará a barcos pequeños, de no más de treinta metros, lo que incluye a buena parte de los pesqueros y embarcaciones de recreo. Más adelante se pensará en adaptar el sistema a embarcaciones mayores, cargueros, transbordadores o, por qué no, incluso grandes petroleros». Tanto César Gómez como Vicente López están convencidos de que, en los próximos años, el sistema Kafloat «será obligatorio en los barcos, igual que el cinturón de seguridad es hoy obligatorio en los automóviles».'
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