| 'El submarinista encontró una burbuja de aire en una cueva y quedó inmóvil a la espera de los equipos de rescate.
«Es un milagro». Esta fue la frase más pronunciada por las personas que a partir del mediodía de ayer conocieron la noticia que hasta entonces parecía imposible: el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (Geas) de la Guardia Civil acaba de rescatar con vida a Pedro Antonio Nadal Cebey, el espeleobuceador desaparecido el martes en Capdepera tras quedar atrapado en una cueva submarina y permanecer allí más de 24 horas sin luz y sin oxígeno en la botella de 15 litros que portaba.
Este hombre, que había sido dado por muerto junto a otro compañero cuyo cuerpo se rescató el mismo martes, pudo permanecer un día entero en el interior de la gruta gracias a que encontró una cámara de aire, según informaron fuentes del Instituto Armado. La grata sorpresa llegó sobre la una y cuarto de la tarde, cuando los buceadores anunciaron que habían encontrado al desaparecido vivo, aunque muy débil y con evidentes síntomas de agotamiento.
Este hombre había logrado recorrer unos 250 metros de la gruta denominada J-1, que está considerada de riesgo porque tiene muchas cavidades y resulta muy fácil perderse en ella.
Cuando la Guardia Civil localizó a Pedro Antonio, le facilitó un equipo de respiración y lo arrastró hacia el exterior, donde aguardaba una lancha neumática que lo trasladó hasta Cala Rajada
Después de que en la mañana del martes los dos hombres quedaran atrapados en el interior de la cueva a resultas de que las vibraciones de sus aletas removieran los sedimentos arcillosos del suelo de la cueva y éstos quedaran en suspensión anulándoles completamente la visibilidad; Pedro Antonio, a diferencia de su compañero Marco, mantuvo la calma y en vez de intentar escapar desesperadamente, siguió buceando a tientas hacia el final de la caverna regulando el consumo del poco oxígeno que todavía almacenaba en su botella.
Una vez cubierto el recorrido total de la cueva submarina (unos 150 metros), Pedro Antonio encontró una estrecha chimenea que afortunadamente le condujo hasta una bolsa de aire situada unos metros más arriba. No obstante, su suerte no acabó allí, ya que la cámara rocosa hallada presenta un tamaño considerable y además cuenta con un pequeño saliente que permitió al buzo pasar buena parte de la noche en seco. Es decir, fuera del agua.
Posteriormente, manteniendo la serenidad pese a haber agotado el aire de su bombona, Pedro Antonio apagó el foco que portaba para que el oxígeno de la cavidad se fuera agotando más lentamente. De esta manera, mientras los Geas llegaban al puerto de Cala Ratjada con el cadáver de su compañero Marco, Pedro Antonio se dispuso a pasar la noche en el fondo del mar con el convencimiento de que al día siguiente los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas volverían a por él. Y así fue.'
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