| '¡Estamos perdidos, camarada!
Y el marino se echa las manos a la cabeza, mira con tristeza la
figura de un asno que trisca la hierba camino de Asturias, rememora
las viejas antenas de las estaciones costeras de esa tierra pródiga
en accidentes marinos y exclama, casi en un sollozo: "Qué falta de
profesionalidad!".
ANTÓN LUACES
La frase, rotunda. Tanto como la realidad: "Es tal la degradación, la falta de rigor, la falta de responsabilidad, la carencia de criterios
y de conocimientos y un largo etcétera más de quienes se responsabilizan del salvamento marítimo en nuestro país que, de seguir así la cosa, las muertes en la mar se convertirán en una mera
rutina".
Lo dice quien, como marino, ha vivido en carne propia la experiencia del naufragio y ha sentido en la garganta el silencio cómplice de los
miedos acumulados. Se queja, y con razón, de "latiguillos" que desvirtúan algo tan sagrado hasta ahora como los términos técnicos
exigibles a todos cuantos participan de ese salvamento en la mar y que llegan a confundir hasta el extremo de no saber si se trata de un
rescate en la mar o un accidente de aviación. Y pregunta, en una pura exigencia de responsabilidad. "¿Acaso se desconoce la cada vez más rica terminología técnica de radiocomunicaciones, búsqueda y
salvamento, para llegar a estos extremos?".
Y el marino se echa las
manos a la cabeza, mira con tristeza la figura de un asno que trisca
la hierba camino de Asturias, rememora las viejas antenas de las
estaciones costeras de esa tierra pródiga en accidentes marinos y
exclama, casi en un sollozo: "Qué falta de profesionalidad!".
Como percibe que no entiendo a qué viene todo esto, lo aclara: "En
menos de 48 horas hemos tenido un naufragio y un abordaje. El primero, un yate francés a 18 millas de Almuñécar, con 110 minutos del siempre escaso tiempo para dar respuesta y rescatar a un
navegante solitario. La señal de la radiobaliza de éste se recibió en el Centro Nacional de Salvamento. Se dejaron, claro, en la mochila,
varias cuestiones. Total, para qué molestarse si no hay quien
atienda. ¿Qué han hecho del AIS, no lo tenían o no lo sabían
utilizarlo? Una hora y cincuenta minutos para un rescate y ni un solo
barco para participar en él. Y después, el abordaje en el cabo
Espartel entre un pesquero y un mercante, con siete muertos. Claro,
son marroquíes y estos están habituados a dejar sus vida en el
Estrecho. Ahora, analizar, investigar, corregir y lograr una mayor
eficacia... ¿a cambio de muertos y más muertos?".
El asno se aproxima al cantil y continúa
triscando la hierba. Hace viento y amenaza lluvia.
"Seguro, camarada -es un veterano de la mar que ha colgado el
chaquetón hace años- que la Comisión Permanente de Investigación de
Accidentes Marítimos va a resolver el entuerto, cuando el entuerto es
la propia comisión. Total, sólo son rutinas".
Las nubes, en su también rutinario deambular buscan el norte
verdadero en la mar. Siempre la mar. Una rutina con demasiados
muertos.
Gracias Antón por tus largas, buenas, esperanzadoras y amenas horas de radio para la gente de la mar, ¿Quizas serán támbien "equinos a la manera" aquellos que por criterios económicos largan al ostracismo a profesionales como tú.? Desde este portal que informativamente no te llega ni a la suela de tus zapatos, y aprovechando el editorial que Salgado nos ha remitido queremos hacerte este pequeño homenaje.
Gracias Antón.'
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